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Inmaculada Gutiérrez trata este tema en el Día Internacional de la Tartamudez

Hoy se celebra el Día Internacional de la Tartamudez y nuestra logopeda Inmaculada Gutiérrez dedica un artículo a esta alteración.

Hospital San Agustín (HSA) se suma a la concienciación de la tartamudez y, en este sentido, de la mano de la logopeda Inmaculada Gutiérrez, ofrece información sobre la misma.

La tartamudez o disfemia es una alteración de la fluidez en el habla, que se caracteriza por la presencia de repeticiones de sílabas o palabras, prolongaciones o incluso bloqueos.

Cuanto esto aparece en niños, crea una gran preocupación en sus padres, al observar que de repente, entre los 2-3 años de edad comienzan esos episodios de disfluencia.

Yo aconsejo acudir a un profesional del habla y la comunicación, a un logopeda, para que realice una evaluación temprana y decidir si se trata de una disfemia evolutiva o de una tartamudez establecida. Para ambos casos hay tratamiento. Me centraré en el primero de ellos, en el que de repente un niño o una niña comienza a tartamudear en esa etapa evolutiva en que está adquiriendo el lenguaje.

En este caso, se trabajará principalmente con los padres, y el objetivo primordial será no hacer consciente al niño de sus disfluencias. Para ello se valora el tipo y la frecuencia de las mismas, el desarrollo global del niño y en particular de su lenguaje, centrándonos principalmente en las dificultades morfosintácticas y las fonológicas. Se elabora un patrón de la aparición de la disfluencia.

Hay que tener muy en cuenta la percepción de los padres ante esta dificultad, a qué lo atribuyen, antecedentes familiares, cómo lo viven ellos y el niño. Y por supuesto hacer hincapié en los puntos fuertes del niño, no en los débiles.

Se desconocen las causas de la tartamudez. Tradicionalmente se relacionaba con aspectos emocionales, pero no es mas que un desajuste entre su pensamiento y su lenguaje, el cual no está adquirido totalmente. No hay que olvidar que el habla requiere de una gran habilidad motora, combinada ésta con una sincronización a nivel respiratorio. Además, el niño debe escoger las palabras correctas, ponerlas en orden apropiado y pronunciarlas correctamente. Todo este proceso del habla, que parece tan natural y sencillo, para un niño es un proceso muy complicado, y lo raro verdaderamente es que no tengan problemas.

Por todo ello todas las personas que rodean a un niño con disfluencias deben tener una idea clara: «Lo importane es lo que dice, no cómo lo dice.»

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